El ser humano tiene, desde los inicios de la cultura, la costumbre de darle atributos mágicos a su entorno, especialmente a los animales. Los misterios de la naturaleza y los mitos ligados a ellos han tomado muchas formas a lo largo de la historia, y en algunos casos pueden ser lindos e interesantes (los antiguos griegos y romanos, por ejemplo, creían que la lamida de un perro podía curar enfermedades), pero las supersticiones en general pueden ser peligrosas porque pueden poner en peligro innecesario a los animales asociados a ellas. Acá te hablamos de cuatro animales que son víctima de ese vicio precisamente.

4. Serpientes

Fuente: Pixabay.com

Cualesquiera que sean tus creencias, este escritor piensa que no debemos considerar a las serpientes como la encarnación de Satanás. Esto es importante porque la tradición judeocristiana y literatura diversa alrededor del mundo asocian a las serpientes con supersticiones y el mal. Indiana Jones, San Patricio y el país entero de las Filipinas sostienen un miedo irracional hacia los reptiles sin patas. Quizá sean sus colmillos, o sus extraños ojos, o el hecho de que algunas pueden defenderse con violencia; no podemos fingir que las serpientes son 100% inofensivas, pero el miedo de la sociedad hacia ellas es claramente desmedido, principalmente porque cuando una serpiente ataca a un ser humano es porque ha percibido peligro, y como siempre, esto se resuelve informándose al respecto y educándose sobre cómo respetar a los animales salvajes.

La realidad es que la mayoría de serpientes no son venenosas, y su primer impulso no es defenderse sino huir. Las serpientes son parte fundamental del ecosistema: muchas variedades se alimentan de animales que pueden transmitir enfermedades o ser perjudiciales para el ser humano, como ratones, insectos y garrapatas. Además el excremento de serpiente es buen fertilizante para las plantas.

Realmente lo peor que alguien podría decir sobre las serpientes es que sus heces pueden llevar el virus de la salmonela; se previene su infección siendo rigurosos con la higiene en la cocina, y evitando a las serpientes en general, pero no matando a una serpiente que se come a animales que acarrean virus mucho peores, por ejemplo.

3. Murciélagos

Fuente: Pixabay.com

En muchas supersticiones europeas se considera a los murciélagos como un mal augurio, o de nuevo, como representantes de Lucifer. No ayuda a su reputación que algunas especies beban sangre; el mismísimo Conde Drácula se convierte en un murciélago, en la historia tradicional. Batman les tiene un miedo tal que se volvió loco y decidió golpear maleantes vestido con látex negro y una capa. Los murciélagos, sin embargo, son increíblemente inofensivos.

Que no te engañen sus caras feas y arrugadas: los murciélagos son animales pacíficos y en su mayoría comen frutas o insectos. Su dieta de frutas significa que son animales importantes para la polinización, controlan las poblaciones insectos como áfidos que comen hojas y arruinan jardines. Además se trata de animales reservados que sólo atacan para protegerse, y generalmente se conforman con huir volando; los murciélagos vampiros, de hecho, no se alimentan de sangre humana sino de sangre bovina o de algún otro herbívoro grande.

Esto sin tener en cuenta que son animales fascinantes: son los únicos mamíferos que vuelan, y son capaces de navegar la oscuridad de la noche con sólo gritar y escuchar el eco.

2. Gatos negros

Fuente: Pixabay.com

La embarazosa creencia de que los gatos negros traen mala suerte es además poco popular en el mundo en general: en Inglaterra, Japón y la mayor parte de Asia se consideran buenos augurios, y se regalan en bodas como señal de fortuna, fertilidad y abundancia. Se consideran de mala suerte
sobre todo en los Estados Unidos porque en las supersticiones se asocian a la brujería y rituales satánicos; quienes tengan a un minino negro sabrán, sin embargo, que un gato negro no es más diabólico que cualquier otro tipo de gato. Es decir que están demasiado ocupados acicalándose, comiendo, durmiendo e ignorándonos para pensar en satanismo.

1. Las aves

Fuente: Pixabay.com

Oh por Dios, las aves. Debe haber algo instintivo en nuestros cerebros que hace que plumas, alas y un pico signifiquen malos augurios en supersticiones. Se podrá creer que este escritor hace trampa al no escoger una sola ave, pero los mitos son muchos y todos son igual de ilógicos. Búhos, cuervos, gorriones, buitres, urracas; no todas estas aves son fotogénicas, pero tenerles miedo (o hacerles daño) por creerlas emisarios fúnebres dice más sobre ti y esa incomodidad que te produce ver a los ojos a un pájaro (a todos nos pasa) que a un mal que cualquiera de estos animales pueda producir en tu vida.

Autores célebres como Edgar Allan Poe y William Shakespeare usaron cuervos y búhos como símbolos de muerte, y en Alemania se creía que los cuervos eran, por cuarta vez consecutiva en nuestra lista, la encarnación de Satanás. Ambas aves son carnívoras y cazadoras, pero no revisten
riesgo alguno para el ser humano; los búhos, de hecho, comen principalmente roedores que son generalmente indeseables en hogares humanos. Los cuervos son además particularmente sociables e inteligentes.

El buitre tiene aún menos sentido como peligro para el ser humano; obviamente la presencia de un buitre puede significar que cerca hay un cadáver, pero debemos recordar que el buitre mismo no mata a sus presas, salvo en contadas excepciones. Los buitres son carroñeros, comen sólo lo que ya está muerto, lo cual de hecho es una labor importante para el ecosistema porque significa menos carne podrida que pueda producir enfermedades.

Lo que es importante recordar sobre las creencias, según este humilde escritor, es que son sólo eso, creencias. No más, no menos. No todo lo que creemos debe ser concreto o lógico o científico todo el tiempo; tenemos la potestad de creer lo que prefiramos, y ninguno de nosotros sabe realmente qué hacemos aquí. Pero hemos de tener en cuenta que una creencia no vale el sufrimiento de un ser vivo, y que si alguien pretende maltratar a un animal por esta causa, es porque está ignorando el impulso humano natural que le dice “no hagas daño”. Y debemos preguntarnos a cada momento si ignorar ese impulso está bien, y qué cosas sacrificamos en consecuencia.