Las películas, caricaturas y sabiduría popular no siempre nos dicen la verdad sobre los animales, y nos dejan mitos urbanos que a veces creemos porque es difícil distinguir lo real de lo falso. La mala información a veces es muy absurda –los avestruces en realidad no esconden la cabeza en la arena, aunque los Looney Tunes lo crean- y a veces es más sutil –la mayoría de las tortugas no puede subsistir comiendo sólo lechuga, y necesitan pequeños insectos o pescado en sus dietas. Quizá ya sabías que algunas de estas cosas son sólo un mito, pero igual repasemos estas cinco leyendas urbanas sobre los animales.

5) Los conejos comen zanahorias

Fuente: Pixabay.com

Si Bugs Bunny come zanahorias todo el día ¿por qué no mi conejo?

La realidad es que si bien los conejos son herbívoros y pueden comer zanahorias, esa no es su dieta natural. Los conejos silvestres no comen tubérculos ni frutas porque tienen demasiada azúcar, y una dieta diaria así puede ocasionarles diversos problemas de salud. Las zanahorias y frutas pueden ser premios ocasionales para los conejos, pero no su fuente principal de alimento.

A muchos conejos también se les da de comer principalmente lechuga, lo cual es incorrecto. La lechuga, dependiendo de la variedad, suele ser principalmente agua y tiene muy poco valor nutricional. Además la lechuga contiene lactucarium, que puede ser nocivo en altas cantidades. Un conejo puede comer lechuga en pequeñas cantidades si se le acostumbra lentamente, y de preferencia lechuga romana, que tiene más nutrientes.

Incluso la comida comercial para conejos puede ser perjudicial en altas cantidades, porque puede ocasionar problemas en sus dientes y estómagos. La comida de conejos tiene vitaminas y minerales importantes, pero la clave para la alimentación saludable de un conejo es el pasto.

La paja y el pasto son los alimentos naturales de los conejos; mantienen los dientes de un tamaño manejable, y no hacen daño a sus sistemas digestivos. El pasto, por ende, debe ser el alimento principal, con cantidades adecuadas de otras comidas.

Y por cierto, la razón por la que Bugs Bunny come zanahorias es porque imita a un personaje de una película hecha en 1934 llamada It Happened One Night. El personaje, cabe destacar, no es un conejo.

4) Los toros odian el color rojo

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Un sinfín de caricaturas, y la despreciable tradición de la tauromaquia, ha hecho pensar a muchos que los toros embisten a los toreros por el color rojo de la muleta, la capa. La realidad de este asunto, como de todo lo relacionado con el toreo, es mucho más triste.

Los toros y las vacas no pueden ver el color rojo, y son atraídos por el movimiento. Los Cazadores de Mitos demostraron que un toro enojado intentará embestir lo que vea moverse (que, por instinto, el toro ve como una posible amenaza) independientemente de su color, y de hecho en uno de los experimentos para demostrarlo, donde había figuras de varios colores, el toro atacó a la figura roja de último.

Lo que atrae al toro entonces es el ondear de la capa, no su color, y debemos imaginar que el rugido de un estadio completo lleno de gente escandalosa no precisamente ayuda a que el animal se calme. La razón de que la capa sea roja, por si los horrores de la tauromaquia no fueran suficientes, es que su color ayuda a disimular las chispas de sangre del toro durante el “espectáculo”.

3) Las serpientes danzan al son de la música

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La imagen de un hombre con un turbante sentado en el suelo encantando con una flauta a una serpiente que sale de una cesta está en la mente de todos. Nos recuerda a la fábula del Flautista de Hamelín y sus ratones encantados por la música, y muchos shows callejeros reales logran la hazaña de poner a una cobra en un aparente trance con sólo unas tonadas de instrumento de viento.

La realidad es que el sentido del oído de todos los animales es diferente. Las serpientes, por ejemplo, han evolucionado para escuchar sonidos de baja frecuencia, cosa que las ayuda a cazar a sus presas en su hábitat natural, pero significa que no oyen los sonidos agudos que el encantador toca en su pungi. Qué animales reaccionan o no a la música es una discusión sin demasiadas conclusiones firmes, pero sabemos con certeza que no es el caso de las serpientes.

¿Por qué danzan, entonces? ¿Cómo las encanta el encantador? Parecido al caso del toro, se trata del movimiento. La punta del instrumento que toca el intérprete se mueve y está muy cerca de la cabeza del animal, que instintivamente cree que es una amenaza, se pone en alerta y sigue el movimiento.

Cabe destacar que, aunque este show no daña a la serpiente, algunos encantadores no cuidan bien a sus animales y los someten a procesos peligrosos para quitarles los colmillos.

2) Los peces dorados tienen mala memoria

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Películas como Buscando a Nemo refuerzan una idea que mucha gente tiene sobre los peces: que son desmemoriados, y en general no muy inteligentes. Es difícil contradecirlo: los peces tienen caras que parecen eternamente distraídas, tontas. La realidad es que no solamente esto no es cierto, sino que los peces son capaces de recordar al mismo nivel que algunos mamíferos y aves.

Científicos y cuidadores con paciencia han descubierto que los peces dorados pueden recordar y distinguir diferentes humanos, colores, luces, sonidos, rutinas en momentos específicos del día y a otros peces durante más de un año. Algunos peces han sido entrenados para resolver laberintos, activar palancas, cruzar pequeños aros, e incluso identificar la diferencia entre música clásica y blues. Los peces tienen tan buena memoria, de hecho, que saben qué humano los alimenta y cambian su comportamiento acorde a esto, en muchos casos incluso permitiendo ser tocados y acariciados.

1) Un año humano equivale a siete años de perro

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Todos en algún momento hemos escuchado este mito: la edad de un perro se mide multiplicando los años que tiene por siete. Así podemos estimar cuándo los perros pueden reproducirse, o pueden empezar a comer comida sólida, o incluso pueden ser más susceptibles a enfermedades. Comparar la edad de nuestras mascotas a la nuestra nos ayuda a tener una idea de cómo tratarlos.

La realidad es más complicada. Dependiendo de la raza, el peso y el tamaño del perro, su edad influye de forma diferente. Los expertos estiman, por ejemplo, que el primer año de la vida de un perro equivale más o menos a los primeros 15 años de la vida de un ser humano, y se ha descubierto que los perros más grandes necesitan más tiempo para madurar, y generalmente mueren más jóvenes.

Un estudio en la Universidad de Göttingen sugiere que un incremento de dos kilos en el peso de un perro se traduce en un mes menos de expectativa de vida. Esto es interesante porque en la naturaleza, normalmente, los animales grandes viven más que los animales más pequeños. Aún es un misterio por qué los perros funcionan de manera diferente.

Si todo esto suena muy complicado, no importa: gracias al siempre confiable César Millán, tenemos un nuevo cálculo más preciso que sólo multiplicar por siete. No toma en cuenta la raza ni el peso del perro, pero nos ayuda a tener una mejor idea de la edad real de nuestro hijo canino: toma la edad de tu perro, réstale 2, multiplica el resultado por cuatro, y súmale 21.

Pero ojo, no sólo tomes este artículo como referencia. Educarse sobre los animales es la forma que tenemos de no perjudicarlos sin querer, y hay muchísimos más mitos que creemos por inercia porque nunca nos los hemos cuestionado; por ejemplo, quizá no habías pensado que los sapitos se enferman, sobre lo cual puedes leer aquí. O puedes revisar estos artículos para saber más sobre cómo cuidar a tu perro.