Conocido como Zunzuncito, Picaflor o Tucusito en varios países del continente americano, el colibrí es una de las aves más fascinantes que existe por sus increíbles características y capacidades. Este pequeño animalito resalta en el Reino Animal por más de una razón ¡Conozcámoslo!

Pequeños y variados

El colibrí pertenece a los Trochilidae, los cuales resultan ser la segunda familia más grande de aves con casi 340 especies descubiertas hasta el momento. Además, para hacerlos más especiales, entre estas se encuentra la especie de ave más pequeña del mundo: el Colibrí Abeja o Zunzuncito, endémico de Cuba que pesa menos de 2 gramos y mide aproximadamente 5cm. Este pajarito es tan diminuto que se suele confundir con insectos voladores como las abejas y avispas.

Una de las peculiaridades del colibrí es que todas las especies se encuentran solamente en América, abarcando prácticamente todo el continente desde Alaska hasta Chile. Sin embargo, la mayoría prefiere la región de Los Andes en América del Sur, probablemente por la diversidad de plantas y flores que pueden encontrar en estas espectaculares montañas.

Todavía es un misterio el por qué solo se encuentran en el Nuevo Mundo, pues se han encontrado fósiles de 30 millones de años en Alemania, lo que lleva a sospechar que sí existieron en otros continentes y se extinguieron. Los científicos continúan tratando de encontrar la respuesta a esta interrogante, pero sus frágiles huesitos hacen difícil la investigación de fósiles, ya que casi no se preservan.

Viviendo al límite

Con la excepción del Zunzuncito, los colibríes miden entre 7,5 y 13 cm de tamaño en promedio y aproximadamente entre 25 y 30% de su peso corporal es músculo (pequeños pero poderosos). La principal característica de estos pajaritos es que son súper acelerados, tanto que sus alas pueden moverse entre 70 y 200 veces por segundo con lo cual emiten un zumbido, en vez de cantar como otras aves. Son tan rápidos que pueden volar en la lluvia (y se sacuden el agua de la cabeza como un perro).

Muchos no sabíamos que, a diferencia del resto de las aves, el colibrí es el único que puede volar en todas las direcciones: arriba, abajo, a los lados y hacia atrás. Así es, ninguna otra ave es capaz de volar de retroceso, y no solo eso, también son los únicos vertebrados capaces de mantenerse flotando en un mismo sitio como si fuesen unos mini helicópteros.

Lo que les permite tanta flexibilidad a la hora de volar es otra de las características que los hace únicos: su manera de mover las alas. Los pajaritos normales pueden flotar y moverse en el aire ya que impulsan sus alas hacia adelante y luego las flexionan al llevarlas hacia su cuerpo para repetir el ejercicio una y otra vez. Pero el colibrí no flexiona las alas, simplemente las mueve en forma de ocho muy rápidamente.

Y cuando digo que son acelerados no solo me refiero a la cantidad de veces que aletean. El corazón de un colibrí puede latir 225 veces por minuto cuando está en reposo y más de 1200 veces por minuto cuando está volando. Su corazón es relativamente el más grande de los animales abarcando el 2,5% de su peso corporal. Imagínense ustedes con esa taquicardia constante cuando nuestros corazones de humano laten entre 60 y 100 veces por minuto.

Pero esto no significa que estén todo el tiempo al borde del ataque cardíaco. El colibrí puede pasar cerca del 80% del día descansando en las ramitas, recargando, tomándoselo con calma. Y el momento más crucial es la noche, cuando entran en una especie de hibernación llamada “torpor” en el cual bajan su temperatura corporal, latidos y respiración para ahorrar energía. Durante estas horas son sumamente vulnerables, están como en un mini coma y no se pueden percatar de lo que sucede a su alrededor, si un depredador fuese a atacarlos, no tendrían cómo evitarlo.

Bonitos y comelones

Existe el mito de que los colibríes no pueden caminar, lo que no es cierto, simplemente prefieren posarse en las ramas cuando desean tomarse un break para ahorrar energía y luego seguir volando. La realidad es que sus patitas son pequeñas y débiles porque no necesitan usarlas mucho, ya que, como hemos visto, son excelentes voladores.

En cuanto a su principal atractivo y belleza, existe una razón por la cual el colibrí, en sus diferentes especies, goza de unos colores espectaculares, un plumaje iridiscente que resalta más en los machos que las hembras. Las plumas actúan como un prisma (¿recuerdan los experimentos de Newton?) y fragmentan la luz en varios componentes del espectro electromagnético, permitiéndoles mantener una estética única en el reino animal.

En cuanto al régimen alimenticio, gozan del mejor metabolismo de los animales, 100 veces más rápido que el de un elefante, por lo cual necesitan alimentarse cada 15 minutos durante el día, y deben entrar en torpor todas las noches (así ahorran la poquita energía que les queda cuando no están comiendo). Diariamente consumen el doble de su peso corporal para poder mantenerse al día con ese extremo estilo de vida y 90% de su dieta es néctar, prácticamente pura azúcar, aunque complementan con pequeños insectos para la proteína que también necesitan (¿harán batidos?).

Tucusito, Tucusito, llévame a cortar las flores…

El colibrí desafortunadamente tiene un sentido del olfato muy limitado y probablemente es porque no lo necesita, ya que sus ojos son sensibles a la luz ultravioleta por lo cual puede ver muchos más colores que nosotros y tiene una especial debilidad por el rojo, le encanta. Gracias a estas peculiaridades, se ha convertido en uno de los mejores polinizadores que existen.

Muchas plantas dependen únicamente de los colibríes para su supervivencia y la gran mayoría han desarrollado flores de colores rojizos, anaranjados, rosados, fucsia, para atraerlos a ellos específicamente. Sucede que su lengua funciona como una especie de manguera que bombea néctar desde la flor cuando introduce su piquito en ella. Mientras se bebe todo el líquido que encuentra también llena su cabecita de polen, el cual traslada de una planta a otra contribuyendo al proceso de polinización.

Es una perfecta simbiosis que han perfeccionado en el tiempo, ya que muchas plantas no solo dan flores con los colores que los atraen, sino que les dan formas determinadas para que solamente ellos puedan beber de su néctar y nadie más. De hecho, hay flores con formas específicas para especies de colibrí determinados. Un ejemplo es la flor de Heliconia que tiene una curvatura a la cual solamente se adapta un colibrí con el piquito curvo.

Picar flores en solitario

Los colibríes son solitarios, disfrutan más de su propia compañía que de la de otros y son bastante autosuficientes, tanto que compiten entre ellos y pueden llegar a ser muy territoriales y agresivos con su misma especie, pues no les gusta que les roben las flores que consideran de su propiedad. Sin embargo, los grandes no atacan al Colibrí Abeja, probablemente porque no lo ven como competencia y asumen que es una simple e inofensiva abejita.

Cuando migran lo hacen solos, no en grupo como otras aves. Los que viven en EEUU cubren 500 millas sobre el Golfo de México volando 20 horas sin parar para huir del frío del invierno.

Solamente cuando necesitan aparearse se encuentran: el macho busca a la hembra y le ofrece todo un espectáculo con danza incluida en el que le muestra sus fantásticos colores y su energía y vigorosidad para impresionarla. Pero después de que hacen lo suyo cada quien se va por su lado. Las hembras anidan solas y ponen dos huevitos nada más, los cuales defienden como fieras. Después de que nacen, los pichones pueden pasar hasta tres semanas en el nido antes de partir cada uno hacia la emancipación.

Desafortunadamente cerca del 15% de las especies están en peligro de extinción, pero podemos ayudarlos ofreciéndoles sus alimentos favoritos con sembrar plantas que den flores de color rojizo en nuestros jardines y balcones, así como también existen bebederos que podemos comprar o hacer especialmente para ellos en los cuales se les proporciona una mezcla de agua azucarada que complementa su súper energética dieta. Es la excusa perfecta para contemplarlos de cerca y fascinarnos con sus cualidades.

Vida Salvaje