Caballo.
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Todos los que hemos tenido un amigo peludo sabemos que los animales nos hacen sentir mejor. Nos dan cariño, nos motivan con su cuidado, nos divierten con sus adorables travesuras, y nos permiten hacernos cómplices de sus gustos, mañas y alegrías. Sobre esta base se ha construido una especialidad de la salud llamada zooterapia: pacientes con diversidad funcional pueden, a través del contacto con diferentes especies, complementar sus tratamientos y obtener beneficios emocionales, sociales, e incluso neurológicos y físicos.

Así como lo lee: perros, gatos, conejos, ovejas, peces y caballos pueden ayudar a personas con parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down, lesiones medulares, asma, hipertensión y otros, de todas las edades, a reducir sus síntomas, relacionarse mejor con otras personas y mejorar sus estados anímicos, mediante técnicas y terapias no invasivas. Todo en un ambiente de respeto, cariño y diversión con animales; un verdadero trato ganar-ganar para todo el mundo.

En general la zooterapia busca que los pacientes creen una conexión emocional y una compenetración con los animales. Adiestrarlos, alimentarlos, cuidarlos, acariciarlos y comprenderlos mejoran el ánimo de los pacientes y reducen los niveles de cortisol, la hormona que causa el estrés. Profesionales apropiadamente entrenados guían este tratamiento, y velan por la salud de animales y pacientes.

Caballos en planicies.
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Una de las ramas más interesantes de la zooterapia es la equinoterapia, también conocida como hipoterapia, que como su nombre indica, se practica exclusivamente con caballos. Los expertos en equinoterapia aprenden desde equitación, psicología del caballo y educación especial hasta anatomía, primeros auxilios y biomecánica. Lo que diferencia a los tratamientos con caballos de otras zooterapias es lo más fascinante: el tamaño del animal y la posibilidad de montarlo proporcionan beneficios físicos invaluables para la salud de los pacientes.

Montar a caballo le permite al paciente ejercitar su postura, equilibrio y atención, porque el movimiento mismo del animal, de arriba hacia abajo, de un lado hacia el otro, adelante y hacia atrás, hacen que deba mover los músculos y desarrolle una mejor coordinación psicomotriz, elasticidad, agilidad y fuerza, mientras la temperatura del animal relaja esos mismos músculos. Además el aquejado aprende a interactuar con el caballo a través de sus reacciones físicas, lo cual lo ayuda a mejorar sus habilidades sociales y comunicación.

Caballo en granja.
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Los caballos, a diferencia de los perros y los gatos por ejemplo, no son depredadores; mientras caninos y felinos tienen el instinto natural de buscar presas, los caballos y otros herbívoros han evolucionado para detectar cambios sutiles de lenguaje corporal que puedan indicar peligro. Esto, sumado a la larga historia de amistad entre humanos y equinos, significa que los caballos pueden adivinar el estado de ánimo de sus jinetes con facilidad. Esto hace la comunicación física sumamente efectiva, pero también significa que un niño inquieto, ansioso o agresivo le transmitirá esas mismas sensaciones al caballo; en este caso, guiado por el especialista, el tratamiento podría consistir en ejercicios de relajación que consigan calmar al caballo a través de la propia calma.

Los tratamientos con caballos no son nada nuevo. Hipócrates, figura importantísima de la medicina en la antigua Grecia y hasta hoy día, escribió sobre los beneficios para la salud de montar a caballo, seguido por otros teóricos en los siglos XVI y XVIII. La danesa Liz Hartel, paciente con polio paralizada de las piernas, ganó la medalla de plata en deportes ecuestres en las Olimpiadas de Helsinki en 1952, y le agradeció su recuperación –y su inusitada victoria- a la terapia con caballos.

Equinoterapia
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Una parte importante de la equinoterapia es la confianza con el animal y la superación de miedos. Para pacientes con problemas de intimidad emocional –por ejemplo, pacientes con autismo- los caballos pueden servir como amigos fieles que proporcionan seguridad y apoyo, sentimental y físico. Que el caballo y el jinete se sientan cómodos en la presencia del otro puede ayudar a manejar temores, traumas o trastornos; si esta criatura formidable puede respetarme, también yo puedo respetarme a mí mismo y sentirme menos intimidado o ansioso en situaciones sociales. El jinete en cuestión aprende a verse a sí mismo como alguien competente capaz de hacer un bien significativo, lo cual mejora su salud mental.

Caballo recostado en el pasto.
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Para lograr esto se buscan caballos particularmente mansos, pacíficos, gentiles y obedientes, que tengan buen equilibrio y musculatura. Caballos que no se asusten fácilmente, toleren la atención de varias personas, y que puedan caminar, trotar y galopar según se les indique. Aparte de eso, cualquier caballo es bienvenido, de cualquier contextura física, edad o contexto, y se les garantiza cuidado veterinario y ejercicio adecuado. Quienes donen caballos para estos hermosos programas terapéuticos podrán visitar a sus hijos equinos cuando gusten. Un caballo algo viejo, que quizá ya no esté en su tope atlético, o que tenga algunos problemas leves de comportamiento, puede encontrar cariño y un nuevo hogar en un centro de equinoterapia, y establecer una enternecedora amistad con algún pequeño con necesidades especiales, o un adulto con problemas emocionales. Dar y recibir afecto y confianza, y ayudar a sanar, quizá sin darse cuenta.

Para mayor información, consulta los sitios web y redes sociales de organizaciones como el Equine Assisted Growth and Learning Association (EAGALA), o sus equivalentes en cada país.