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Cuando Carrie Fisher nos dejó en diciembre de 2016, su falta hizo ecos profundos en cinéfilos de todo el mundo. No sólo la recordábamos como la Princesa Leia de las Star Wars de los años 70s y 80s, sino que capturó los corazones de una nueva generación ahora como la Generala Leia en Star Wars Ep. VII: El despertar de la Fuerza. Un verdadero ícono, Carrie Fisher era hija de la diva clásica del cine Debbie Reynolds y continuaba su dinastía hollywoodense con clase y mucho sentido del humor: quienes hayan visto las entrevistas promocionales de El despertar de la Fuerza recordarán a una Carrie Fisher llena de vida, ingeniosa, divertida, y jamás muy lejos de su adorable mascota, un divertido bulldog francés llamado Gary Fisher.

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Durante esta gira de entrevistas, el simpático bulldog era el objeto de atención de todos; su lengua afuera y sus ganas eternas de dormir eran la rebeldía perfecta frente a la pompa y el glamour de Hollywood, de los que Carrie siempre quiso desentenderse. Carrie, que había sido diagnosticada con síndrome bipolar hacía algún tiempo, decidió adoptar a Gary de su propia hija Billie Lourd porque tuvo una afinidad instantánea con el pequeño bulldog. Según los testimonios de Carrie y Billie, Gary la ayudaba a tener mayor estabilidad emocional; “él también está loco”, decía Carrie para explicar la íntima conexión entre ella y Gary, a quien registró oficialmente como animal terapéutico y consiguió así poder estar acompañada por su mascota en sitios tan variados como un avión o la Casa Blanca. Gary, de hecho, estaba al lado de Fisher en el avión cuando tuvo el ataque cardíaco que eventualmente terminaría con su vida.

Gary Fisher al lado de Carrie era no sólo un símbolo de su amor por los animales, sino de la enfermedad mental que se rehusaba a ocultar. El síndrome bipolar de Carrie Fisher fue ocasión de que la actriz tuviera varios problemas con drogas y depresión, y convertirlo en un tema de conversación públicamente era una de las formas en las que Carrie enfrentaba sus propios demonios y además podía inspirar a otros pacientes a identificar y confesar con apertura sus necesidades. Que toda esta campaña tuviera que ver con un divertido bulldog francés sólo es una cereza adorable en el pastel que era la hermosa labor que Carrie Fisher intentaba lograr usando su fama como plataforma.

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Gary Fisher, cabe destacar, tiene cuentas propias de Instagram y Twitter (manejadas por una amiga de la familia Fisher) que tienen más de 140 mil y 63 mil seguidores respectivamente. Las cuentas, dedicadas a mostrar fotos del pequeño perro, su familia (que incluye a la bulldog francesa de Billie Lourd, Tina), y conmovedores tributos a Carrie Fisher y su madre, Debbie Reynolds, que murió un día después que su hija. Durante los últimos momentos de vida de Carrie, estas cuentas de redes sociales fueron lugar de encuentro para fans en todo el mundo, para enviar mensajes de cariño y condolencias.

Hoy en día, Gary Fisher está al cuidado de Corby McCoin, exasistente de Carrie. El pequeño bulldog aún hace apariciones públicas, como la Star Wars Celebration 2017 en Florida, en la que Gary decidió defecarse en medio del piso; es difícil imaginar que la reacción de Carrie hacia esto sería diferente de una cálida carcajada. Que la Fuerza te acompañe, Gary Fisher, pequeño perro loco, que conseguiste darle felicidad a la princesa más icónica de la ciencia-ficción. Puedes seguir sus aventuras en @Gary_TheDog (Twitter) y @garyfisher (Instagram).