Para nadie es desconocido que Juego de Tronos, la serie estrella de HBO, es un éxito de audiencias y con la crítica; es una historia llena de violencia, fantasía, sexo, intriga y giros inesperados que ha cautivado las redes sociales de espectadores y no-espectadores, y ha creado algunos de los momentos televisivos más memorables de los últimos seis años gracias a la pluma de George R.R. Martin y la batuta de David Benioff y D.B. Weiss. A la fecha de este artículo, la serie empieza su séptima temporada y aún hay mucho por descubrir, pero aquí vamos a hablar de algo que no siempre salta a la vista: la forma en la que los animales son tratados en Juego de Tronos. Hablaremos sobre todas las temporadas, así que ALERTA DE SPOILERS.

Cuervo de Juego de Tronos
Crédito: Juego de tronos, HBO

Los animales tienen una presencia enorme en las banderas de Juego de Tronos: el lobo es el estandarte de los Stark, el león es el de los Lannister, el ciervo el de los Baratheon, el dragón el de los Targaryen, el kraken el de los Greyjoy. El significado que pueden tener estos animales es variado; los lobos y los leones, por ejemplo, son ambos carnívoros depredadores que cazan en manada, y tendrían que competir por presa si estuvieran en el mismo ambiente. En las manadas de leones, además, las hembras son las que cazan, por lo cual tiene sentido que Cersei esté a la cabeza de su familia

Asimismo, la presencia de lobos, cuervos, jabalíes, caballos e incluso mamuts es parte esencial de la historia y su trato por los personajes es importante. El maltrato de los animales, por ejemplo, como los perros hambrientos de Ramsay Bolton, y el lobo huargo Lady asesinado por orden del Príncipe Joffrey, son señales del villano; la moral de los personajes en Juego de Tronos no siempre es clara, pero cuando un personaje maltrata a un animal, siempre es visto como malvado.

Lobo huargo en Juego de Tronos
Crédito: Juego de tronos, HBO

Asimismo, los animales son compañeros necesarios para los personajes: los cuervos llevan y traen cartas, los caballos y mamuts ayudan a los personajes a transportarse. Los cuervos en particular son parte esencial de los juegos políticos de la serie: cada mensaje que lleva o trae un cuervo es instrumental para crear o romper alianzas, declarar guerras, o enterarse de algún secreto que puede cambiar el rumbo de los personajes. Ninguno de estos animales es maltratado, lo cual se extiende a las condiciones tras bambalinas: cuando un caballo es lastimado en batalla, los trascámaras nos muestran que se logra con caballos CGI (generados por computadora). De hecho, gracias a esta tecnología, menos animales reales participan en los sets de series y películas, y no corren los posibles riesgos relacionados.

Robb Stark con caballo en Juego de Tronos
Crédito: Juego de tronos, HBO

Con esto no quiere decirse que los animales usualmente sean maltratados en estos sets. Existen reglas estrictas sobre cómo tratar a los actores cuadrúpedos o emplumados, e incluso matar un insecto o un pez en pantalla es ilegal. Las producciones hollywoodenses como Juego de Tronos deben contratar entrenadores y cuidadores profesionales, y son graves las penalizaciones para quienes no respeten las reglas.

Tal es el vínculo que se crea con los animales en set que luego de grabar las escenas del lobo Lady muriendo en la serie, Sophie Turner (que interpreta a Sansa Stark) adoptó a Zunni, la inuit norteña que interpretaba al lobo en la serie. Los lobos huargos (o direwolves, en inglés), cabe destacar, son una especie real de lobo que existió hace unos 250.000 años y se extinguió hace unos 10.000, es decir que jamás podremos ver a uno real ser tan adorable, fiel y noble como los compañeros cuadrúpedos del clan Stark.

Sophie Turner con Zunni
Crédito: Jamie Gray / Coventry Telegraph

La relación entre animales y humanos en general es muy curiosa. Los dragones que acompañan a Daenerys Targaryen, por ejemplo, son vistos (y tratados) como animales, pero al mismo tiempo técnicamente son sus hijos. Asimismo, el hecho de que sean “animales” no significa que no sean inteligentes: tanto los dragones de Daenerys como los lobos de los Stark son perceptivos, sensibles, a veces impulsivos, pero jamás monstruosos. Son vistos como seres vivos, y no sólo como armas o accesorios.

Daenerys y Drogon en Juego de Tronos
Crédito: Juego de tronos, HBO

Quizá pueda extrañarte que incluya a los dragones de Daenerys o a los mamuts como parte de los animales de la serie, si son criaturas mitológicas o prehistóricas respectivamente, pero tiene un motivo: Juego de Tronos, a diferencia de otras historias de fantasía, no ve a estas criaturas como meros monstruos. En El Señor de los Anillos, por ejemplo, los elefantes gigantes Mûmakil y las criaturas sobre las que cabalgan los Jinetes del Anillo (que son bastante parecidas a dragones) son vistos sólo como armas para la guerra; sólo existen para matar soldados enemigos, y si comen, sólo comen soldados enemigos. Jamás vemos a un Jinete del Anillo alimentando a su criatura, y jamás vemos a un elefante gigante caminando tranquilamente. En Juego de Tronos, y en las novelas en las que se basa, los dragones comen y forman vínculos afectivos, y los mamuts son cuidados por los gigantes, sugiriendo relaciones fuertes de cariño.

Gigante montando un mamut en Juego de Tronos
Crédito: Juego de tronos, HBO

Lo interesante de que los dragones de Daenerys sean técnicamente sus hijos es que se sugiere, al menos biológicamente, que no existe gran diferencia entre humanos y animales. Bran Stark, que tiene el poder de “tomar control” de un animal y ver el mundo a través de sus ojos, también es capaz de hacerlo con Hodor, que es humano; a primera vista, podríamos pensar que esto se debe a que Hodor es mentalmente débil, pero podría ser algo más poético. Hodor no es débil mentalmente; cuando muere, aprendemos que es una víctima trágica de las circunstancias, traumado por su determinación sincera de proteger a sus amigos. Y así, quizá la conexión entre Bran y los animales no tiene que ver con “fuerza” propiamente, sino con pureza de intención; Hodor, similar a un animal, no tiene propósitos secretos, ni maquinaciones egoístas, ni ansias de poder. Hodor sólo quiere proteger a sus amigos, igual que los lobos huargos de los Stark. Y en una serie en la que las estratagemas políticas y engaños destruyen imperios diariamente, quizá más habitantes de Westeros deberían ver a través de esos ojos.