Si quieres comprender a cabalidad la manera en que los perros se relacionan socialmente, hay un principio fundamental que debes contemplar: los caninos son animales de manada, y funcionan con una jerarquía y orden particular.

Su estructura de organización social es piramidal; es decir, la mayoría de la manada responde a un alfa, debajo del cual están los beta, y finalmente los perros omega.

Como probablemente ya deduces por tu cuenta, los perros beta son el segundo nivel de fuerza o autoridad, mientras que los omega son los más sumisos y obedientes. En el resto del mundo animal, a menudo son los beta los que retan al alfa (es decir, al líder), y si éste no es capaz de dominarlos, pierde su posición. Esto sucede con muchos maníferos que viven en manada, como los leones, los elefantes, hipopótamos, etc. Sin embargo, la posición de las manadas caninas nunca cambia.

Los perros tienden a asumir su postura (alfa, beta, u omega) instintivamente, está en sus genes, su personalidad… Un perro omega difícilmente se convierta en un alfa, y viceversa.

Tal como los seres humanos, hay ciertos seres que se sienten mejor liderando y otros que se sienten más productivos siguiendo órdenes.

Si obligas a un perro beta u omega a sumir la posición del alfa, probablemente le causes ansiedad y éste no sepa qué hacer (puedes leer mi artículo sobre la ansiedad en los perros y cómo lidiar con ella haciendo click aquí).

Es por esto que se sienten más tranquilos y felices cuando hay una figura de autoridad a la cual pueden seguir. De hecho se ha demostrado que los perros que sienten estabilidad en la organización de los miembros de su manada suelen sentirse más desenvueltos socialmente, al igual que les otorga equilibrio emocional (por lo que no tendremos a un peludito nervioso o deprimido). También se preveen futuros posibles problemas de comportamiento, entre muchos otros beneficios de mantener una estructura fija.

Es importante que sepamos que los seres humanos jamás podremos ser el alfa, porque no somos de su misma especie, y ellos reconocen eso. Por eso debemos ser los súperalfas, es decir, debemos hacer un esfuerzo más consciente y constante para demostrarle al alfa que somos una figura de autoridad sobre él o ella. Eso se logra al reforzar comportamientos positivos, y corregir los negativos.

Si te preguntas de dónde proviene este instinto de dominación o sumisión, es fácil: cuando son cachorros, los perros deben “pelear” por la leche materna. Las camadas más grandes pueden llegar a ser de hasta 15 perritos (dependiendo de raza, condición y tamaño), por lo cual deben empujarse y escalar uno encima del otro para poder llegar al seno materno y alimentarse.

Los cachorros más fuertes establecen dominancia empujando a los otros y asegurando su puesto, mientras que los que quedan resagados aprenden a esperar hasta que sea su turno o se les dé una oportunidad.

Se trata de vida o muerte, de comer o perecer, así que cada cachorro debe comprender qué posición puede usar para su propio beneficio (sea dominante o sumiso) y así sobrevivir.

Puedes reconocer los diferentes “rangos” de manera relativamente sencilla. Sin embargo, los beta pueden ser difíciles de identificar. Los perros alfa (puede ser macho o hembra, o incluso una pareja) tienen un lenguaje corporal más tajante, erguido, otros perros se acercan a él y no viceversa; son cuidadosos y exigen respeto tanto de humanos como de otros perros, así que no se dejan acariciar con facilidad, al menos no hasta que hayan analizado tu comportamiento y te reconozcan como algo que no es una amenaza para ellos.

Los perros omega, por otro lado, son mucho más sumisos y se dejan tocar y agarrar (a menos que sean muy ansiosos o tengan miedo a la interacción social) tanto por personas como por otros perros.

Los beta son un caso más complejo porque suelen haber más y entre ellos tienen su propia micro-jerarquía. Unos beta pueden dominar a otros (pero nunca al alfa), y esta estructura fluctúa constantemente ya que están en el mismo rango; más no cambia el orden de la manada en general. Cuando adoptamos o rescatamos un perro, es fácil determinar la jerarquía porque nos convertimos inmediatamente en el alfa. Pero… ¿qué pasa si tenemos 2 o más?.

Bueno, tampoco es difícil. Sólo debemos comprender que, esencialmente, hay dos manadas: una que es una manada mixta, entre humanos y perros, en la que nosotros los pawrents debemos ser los súperalfa, y otra que se genera entre ellos únicamente. Ellos asumen casi al instante su posición al entrar en convivencia con otros perros, así que es nuestro trabajo identificar quién es qué.

El perro dominante se manifiesta a través de cosas como:

  • Intentar ser el/la primero/a en salir por la puerta
  • Reclamar la mejor área para dormir (esto puede implicar la zona más cómoda, cálida, cerca de ti, etc)
  • No prestar mucha atención a los otros perros
  • Mostrar celos cuando das mucha atención a los otros perros
  • Montar a los otros perros

Mientras que los sumisos (beta u omega) suelen:

  • Ir detrás de los otros perros
  • Dejarle su cama, juguete, incluso bowl de comida y demás cosas personales a los otros perros
  • Prestarle mucha atención a los otros perros
  • No mantener contacto visual con los humanos
  • Orinarse cuando están muy emocionados

Como pawrents es importante que comprendamos y respetemos este orden, para no alterar su jerarquía intrínseca. Esto implica que debemos permitir al perro alfa ser nuestros segundos al mando, y procurar tratarle como tal.

El/la alfa debe comer primero, debe ser el/la primero/a en recibir premios o juguetes nuevos, etc. Esto no quiere decir que los perros beta u omega reciben menos atención, cariño, cuidados, jueguetes o premios en general que el alfa. Simplemente los recibe después que él/ella.

Si bien para nosotros puede parecer favoritismo, y podemos pensar que nuestros otros peludos se sentirán tristes, nada está más lejos de la realidad. Lo que estamos haciendo es continuando lo que ellos naturalmente establecen, y organizándonos de la misma forma en que su instinto les dicta hacerlo, por lo cual la comunicación y disciplina se facilita y cada cual puede ser feliz en el rango en el que naturalmente se siente más cómodo.