“Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl” escribe Julio Cortázar en su relato corto Axolotl, que trata sobre un hombre que descubre a –y queda obsesionado por- los pequeños y enigmáticos animales en el acuario de un zoológico parisino, que comúnmente se conocen como “ajolotes”. Y con buena razón: estos adorables y misteriosos anfibios con “caras aztecas”, como diría Cortázar, no sólo intrigan por parecerse a pequeños peces cuadrúpedos con algas coloridas saliendo de sus cabezas, sino por varias divertidas curiosidades que ocultan sus cuerpos y orígenes. Aquí hay cinco cosas que quizá no sabías sobre estos simpáticos mini-monstruos acuáticos de la vida real.

5) Los Ajolotes son Jóvenes por Siempre

Ajolote blanco
Fuente: Pixabay.com

Los anfibios (como ranas y salamandras), por lo general crecen y se desarrollan pasando por varias etapas en un proceso de metamorfosis. Al salir de los huevos, la mayoría de anfibios son básicamente pequeños animales acuáticos con branquias y aletas –los renacuajos, por ejemplo-, que gracias a hormonas secretadas por sus glándulas tiroideas, se desarrollan drásticamente hasta llegar a sus formas adultas.

Los ajolotes técnicamente son salamandras, pero exhiben una condición que se conoce como neotenia: el animal sigue creciendo (pudiendo llegar a medir 25 cm o más), y alcanza su madurez reproductiva, pero nunca pierde sus características de larva. Por algún capricho de la evolución, los ajolotes mantienen sus agallas, que son las pequeñas ramitas coloridas que salen de sus cabezas, y a pesar de poseer pulmones rudimentarios, se mantienen como animales completamente acuáticos.

Otros anfibios pueden exhibir neotenia, pero está normalmente asociada a una mutación individual. La neotenia del ajolote, por otro lado, es genética; no existen datos concluyentes sobre cómo se desarrolló y prosperó, pero hay teorías que lo asocian a la temperatura del agua. Se han hecho experimentos inyectándole yodo a un ajolote para estimular la actividad tiroidea y esto, misteriosamente, consigue que el ajolote “complete” la metamorfosis y se convierta en una salamandra capaz de caminar en tierra, muy parecida a la salamandra tigre. Los ajolotes en estado natural, sin embargo, jamás llegan a ese estadio.

4) Hay Varios Colores de Ajolote

Ajolotes de colores
Fuente: sillyaxolotls.wixsite.com

Si has visto alguna vez a un ajolote en un acuario o zoológico, probablemente era blanco con agallas rosas. Es muy probable que fuera un ajolote blanco, o leucístico, que proviene de un ejemplar mutante que fue enviado a París en 1863. Son blancos con ojos negros, con alguna coloración oscura en sus caras y lomos, que en algunos casos lucen como pecas.

Sin embargo, esta coloración no es la natural, y ha surgido del cautiverio. Un ajolote silvestre usualmente tendrá una coloración que combina verde oliva, marrón y negro en motas variadas, con algunas brillantes y doradas esparcidas. Es muy parecido al ajolote melanoide, que se diferencia del silvestre porque no tiene motas doradas brillantes, y en general es más oscuro.

También existen los ajolotes albinos, muy parecidos a los blancos pero sin motas oscuras, y con ojos color rosa. Dependiendo de algunos factores genéticos, pueden tener motas brillantes, o ser completamente dorados.

Aparte de estas variedades básicas, existen ajolotes accidentales o criados con diferentes coloraciones, moteados: los piebald tienen manchas parecidas a las de las vacas, los quimera tienen un color de un lado y un color del otro, los mosaico tienen una hermosa coloración parecida a mármol. Incluso existe una variedad, llamada Enigma, que es verde brillante con agallas rojas, y es sumamente hermosa.

3) Los Ajolotes Salvajes Habitan en un Solo Lago

Ajolote en lago

Los ajolotes son nativos de México, específicamente de los lagos Xochimilco y Chalco, justo fuera de Ciudad de México. El mito azteca cuenta que el dios Xolotl, responsable de llevar a las almas de los muertos al inframundo, tenía miedo de que los demás dioses lo mataran y decidió tomar la forma de un ajolote y esconderse en esos lagos. De ahí proviene su nombre en: alt (agua) y Xolotl (que significa perro en náhuatl, y el dios que lleva este nombre de hecho es representado con cabeza canina).

De esos dos lagos, sólo sobreviven remanentes del Xochimilco, por culpa de la expansión indiscriminada de las ciudades y la contaminación. En estos remanentes viven los ajolotes silvestres, que son considerados una especie en peligro de extinción, pero hay un lado positivo: muchos científicos y entusiastas de la vida acuática se han dado a la tarea de crear santuarios en espacios naturales, y de criarlos en cautiverio.

2) Puedes tener un Ajolote de Mascota

Ajolote silvestre
Crédito: Esteban Acquaviva, Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0

Los ajolote son criaturas amistosas y fáciles de mantener, y si quieres tener uno como mascota, algunas cosas básicas que puedes tener en cuenta son: tener una pecera que pueda ser llenada hasta el largo completo del animal (como mínimo, aunque recordemos que los ajolotes son animales de lago y se sentirán mucho más cómodos en una pecera más grande), no colocarle filtros agresivos o poderosos donde puedan atascarse sus agallas, colocar la pecera en un lugar oscuro, y no ponerle grava fina que el animal pueda tragarse accidentalmente –la grava más rústica es preferible, o el fondo sin grava, según algunos expertos.

El agua para que viva un ajolote debe estar máximo a 20 grados centígrados (68 °F), estar limpia y sin cloro. Los ajolotes son carnívoros, y pueden comer pequeños camarones, lombrices e incluso algunos tipos de comida comercial para peces (comida para salmón, por ejemplo). Es importante que la comida sea pequeña, porque los ajolotes no mastican sino que tragan sus alimentos enteros.

Ahora, sabemos lo que estás pensando: no voy a comprar un animal exótico, ni a colaborar con el tráfico internacional de animales. Te alegrará saber que en Latinoamérica y Estados Unidos hay programas de rescate y relocalización de ajolotes y puedes adoptarlos; un rápido Googleo te mostrará dónde y cómo hacerlo, y los cuidados especiales que requiere un animal exótico como este. Y tenerlos en cautiverio es importante: existen menos de 2000 ajolotes en estado salvaje actualmente por culpa del ser humano, y revertir el daño hecho a su hábitat (si bien no es imposible) es bastante difícil a corto plazo, así que cuidarlos en cautiverio podría hacer la diferencia entre la extinción y la supervivencia.

1) Los Ajolotes pueden Regenerar sus Cuerpos

Ajolote albino
Crédito: David Shane, Creative Commons Attribution 2.0 Generic

Es algo común que los anfibios regeneren partes de sus cuerpos. Muchas salamandras, por ejemplo, pueden regenerar sus colas y algunos miembros. El ajolote, sin embargo, puede regenerar su mandíbula, espina dorsal, cerebro, y cualquiera de sus miembros, sin tipo alguno de cicatriz. Es tal la capacidad regenerativa del ajolote que la comunidad científica lo estudia, tanto adulto como en su etapa embrionaria, para descubrir qué secretos encierra la misteriosa biología de este animal, y cómo podríamos lograr replicar estas habilidades en humanos. Los fanáticos de los libros y película de Dune reconocerán que “axolotl” se parece al nombre de los “tanques axlotl”, especies de úteros artificiales de ciencia ficción que se usan para clonar seres humanos, y que están inspirados en las habilidades de regeneración del animal real.

Aún no existen datos concluyentes sobre su aplicabilidad en humanos; sobre este tema los ajolotes se mantienen con esa quietud que tanto hipnotizaba a Cortázar. Quietos en el agua, paralizados en su metamorfosis, y guardando silenciosamente el secreto de la regeneración neurológica de los seres vivos tras una enigmática sonrisa.