Para muchos la película animada de Disney “El Rey León” es la única referencia que tienen sobre las hienas. En ella, su comportamiento es malévolo y burlón, caracterizado por una risa chillona, divertida y terrorífica a la vez. Sin embargo la hiena no es tan colorida y alocada como lo muestra el filme. Por el contrario, es considerada por los especialistas como un animal cazador y carroñero.

 

Hiena, cazador por naturaleza

 

La hiena (de la familia de los hiénidos, o Hyaenidae) tiene las patas delanteras más largas que las traseras, una cabeza grande y un cuello desproporcionadamente largo. Esto la obliga a tener una extraña postura, desgarbada y rústica, que le ha concedido la fama de animal torpe y extraño.

 

Pero pocos saben que su estructura corporal está perfectamente formada para ser un cazador desde su nacimiento: posee fuertes y largas patas que le permiten correr a mayor velocidad que sus presas y atraparlas con suma facilidad.

 

Según un estudio realizado en el desierto en el desierto del Kalahari, al sur-oeste de África, más de 70 % de los alimentos que consumen las hienas son presas capturadas por ellas mismas. Muchas de ellas superan su tamaño y fuerza física, pero no su instinto y sagacidad.

 

Es por ello que una hiena hambrienta puede cazar un ñu adulto (con un peso superior a los 270 kilos), luego de una persecución de 5 kilómetros a 50 KPH, sin la ayuda de su manada. Esta es una de las razones por la que muchos expertos en el mundo animal catalogan a la hiena como uno de los diez animales asesinos del planeta.

 

Mandíbula poderosa

Uno de los atributos que la naturaleza le ha brindado a la hiena es la de poseer una fuerte mandíbula cuyo tamaño es mayor al que debería tener según el volumen de su cuerpo. Esta le ayuda a triturar fácilmente los 6 kilos, o más, de carne que consume diariamente.

 

Utilizando sus mortales dentaduras, un grupo de hienas famélicas pueden despedazar a un león en cuestión de minutos. La carne y los huesos son procesadas rápidamente a través sus largos tractos digestivos, los cuales les permiten extraer sus nutrientes.

 

Asimismo, sus fuertes dientes les permiten romper huesos y perforar conchas que para otros animales son imposibles; y su pelaje disperso y áspero le impide mancharse de sangre o resto de vísceras al introducir su cabeza en el cuerpo de sus víctimas.  Eso les brinda una ventaja en lo que a supervivencia en lugares hostiles se refiere.

 

La carne podrida es un manjar para su paladar

 

Para los humanos y otros animales, la carne podrida es sencillamente letal. En estado de descomposición, este alimento puede albergar innumerables bacterias capaces de producir enfermedades mortales que van del cólera al botulismo, pasando por el ántrax.

 

Sin embargo, para la hiena la carne podrida es absolutamente inofensiva. Su indoblegable sistema digestivo tiene la capacidad de destruir cualquier bacteria que entre por su boca gracias a la acción principal de sus jugos digestivos.

 

Según los biólogos, la condición carroñera de la hiena la convierte en uno de los trabajadores sanitarios de la naturaleza, ya que mantiene a los habitas libres de sustancias nocivas para otros animales.

 

¿Las hienas se ríen?

Se suele creer que las hienas se ríen de felicidad a la hora de comer. Pero esto no es así. Una investigación realizada por Nicholas Mathevon y su equipo de la Universidad de Jean Monnet, en Francia, reveló que las hienas no emiten carcajadas histéricas, sino una especie de chillido para manifestar su estado de frustración en la manada.

 

Los datos de esta investigación, resumidos en una nota de la revista electrónica Muy Interesante, aclaran que las hienas poseen una estructura social compleja, donde los más pequeños y débiles son relegados por los más fuertes a la hora de comer  (es decir, que los omega son los que chillan mientras los alfa comen. Aprende acerca de la jerarquía en las manadas de perros haciendo click aquí).  En consecuencia, su aparente risa no es más que un quejido lastimero.

 

El investigador agrega que la hiena puede utilizar su estruendoso sonido para chantajear a los miembros superiores de su grupo. Al emitir su peculiar chillido, parecido a la risa, la hiena atrae a otros peligrosos depredadores, como los leones. Ante esta amenaza, los líderes de la manada se ven en la obligación de dejarlo comer a cambio de que haga silencio.

 

El cazador cazado

 

En los últimos años estos animales cazadores ha sido víctimas de las balas de escopeta de quienes resguardan (violentamente) los cultivos y las crías de sus granjas en muchas regiones de África. Para ellos, las hienas son como una plaga capaz de arrasar con sus siembras. Esto es consecuencia de la ubicación errada que han escogido los humanos para establecer sus cultivos y negocios, ya que han invadido el territorio natural de las hienas, exponiéndose innecesariamente al peligro de lidiar con animales silvestres sin conocerlos ni estudiarlos, y poniéndolos en peligro a ellos también.

Esta cacería ha hecho que el número de hienas haya disminuido vertiginosamente en las más recientes décadas. Afortunadamente existen algunos parques, zonas protegidas y reservas ecológicas africanas en la que las hienas aún permanecen a salvo, logrando reproducirse con notable velocidad. Así se garantiza la permanencia en el planeta de un animal servidor de la limpieza en las selvas y desiertos donde habita.